sábado, 26 de julio de 2014

Carretera y manta

La red viaria que recorre Andalucía tiene una longitud de unos 23.600 km. Esa cifra tal cual puede que no nos diga gran cosa, sin embargo, si pusiéramos todo ese asfalto en línea recta, podríamos conectar Antequera (más o menos el centro de Andalucía) con las antípodas, Wellington (Nueva Zelanda), ¡y todavía nos sobrarían 4.000 km! En realidad podríamos llegar a cualquier parte del mundo, porque el perímetro de la Tierra por el Ecuador es de 40.000 km. Como la red viaria supera ampliamente la mitad de esa medida, podríamos llegar a cualquier parte por una u otra dirección.

Distancia entre Antequera y Wellington

Aparte del pequeño detalle de hacer flotar el asfalto, tenemos que considerar que encontraríamos distintos tipos de vía, en su mayor recorrido sería carretera de una calzada con una anchura de 5 a 7 metros.

Red viaria de Andalucía

sábado, 19 de julio de 2014

Andaluces ilustres: la enfermera de las perseguidas

María García Torrecillas (1917-2014), natural de Albanchez (Almería), fue una enfermera voluntaria cuya labor humanitaria ayudó a salvar a cientos de bebes de madres perseguidas por la dictadura franquista y los nazis.

A principios de 1936, con 20 años de edad, le pidió permiso a su padre para irse a Barcelona, donde se había establecido uno de sus hermanos. Trabajó en el textil, pero a los pocos meses estalló la Guerra Civil y pasó a hacerlo en una fábrica de armamento para la defensa de la República. Tuvo que vivir los bombardeos sobre la ciudad y, tras su toma, huir a Francia. Allí fue a parar a campos de concentración situados en las playas:

Eran lo peor que se puede imaginar. Allí no teníamos nada: arena, agua y alambre. Teníamos triple alambrada de púas y los gendarmes, allí parados riéndose cuando te echaban un caballo encima. Eso era el campo de concentración. Mucha miseria, mucha hambre, mucho frío y muchos parásitos que ya no sabías cómo quitártelos

Quedó embarazada de su compañero Teófilo y la casualidad hizo que se topara con la enfermera suiza Elizabeth Eidenbenz, que al ver la situación de los refugiados había buscado recursos para montar un hospital maternal. La suiza le ofreció su ayuda. Mientras nace su hijo, Felipe, el padre parte rumbo a México. Inmediatamente pasa de paciente a enfermera voluntaria y mano derecha de Eidenbenz.

Allí no había horas. A las seis de la mañana yo ya estaba en las cunas, preparando los pañales para que a las siete las mamás empezaran a darles de comer

El hospital permitió el nacimiento de 400 niños de madres refugiadas de la Guerra Civil Española y de otros 200 de mujeres judías perseguidas por el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. La Gestapo lo cerró en 1944, pero antes se las apañaron para escapar de sus garras mediante engaños y así proteger a las madres.

Elizabeth Eidenbenz y María García

Trabaja allí durante dos años y medio, hasta que decide ponerse en camino hacia México con su hijo para encontrarse con su pareja. Cuando el barco portugués que los transporta llega al puerto de Veracruz, nadie les espera. Tras unos días, aparece Teófilo anunciando que vivía con otra mujer a la que también había dejado embarazada. Pese al golpe, María decide quedarse y, con el apoyo de la comunidad de exiliados españoles, encuentra trabajo como enfermera en una maternidad de la capital federal, donde introduce métodos novedosos que había aprendido en Francia.

En México nunca tuvimos problemas. Quizás algún antiguo emigrante, de los que había de antes que, al tener otras ideas, podía pensar que éramos criminales, que éramos gente malísima. Pero sólo esos antiguos emigrantes españoles, porque los mexicanos nos recibieron de maravilla

Conoció a otro exiliado español y se casó con él. También consiguió ir llevando poco a poco a sus hermanos a México. Incluso su hermano Juan, condenado por luchar en el ejército republicano, consiguió escapar a París con su mujer, desde donde volaron a México.

Sufre el terremoto de México de 1985, el más importante registrado en el país, que dejó 10.000 muertos. Decide trasladarse a Monterrey en busca de tranquilidad, cerca del domicilio de su hijo, y disfrutar de su familia: nietos y bisnietos. A los que no volvería a ver fue a sus padres, desde aquella despedida en 1936.

En 2006, a sus 90 años, decidió publicar "Mi exilio", un libro con sus memorias. Al año siguiente vuelve a Andalucía para recibir varios reconocimientos: la Medalla de Andalucía en el Parlamento andaluz, nombrada hija predilecta de Albanchez y condecorada por la Cruz Roja almeriense.

Fallece en Monterrey (México) el 3 de febrero del presente año, con 97 años.

sábado, 12 de julio de 2014

Es historia: en busca de los huesos perdidos del Gran Capitán

En la breve biografía que publicamos sobre Gonzalo Fernández de Córdoba, se cerraba el texto indicando que puede visitarse su tumba en el Monasterio de San Jerónimo (Granada). Eso no deja de ser cierto, pero el destino de sus restos tiene su historia y parte de misterio.

Funeral

Murió el 2 de diciembre de 1515, con 62 años, y sus funerales se realizaron en el antiguo convento de San Francisco de Granada. La crónica de Alonso de Santa Cruz describe los funerales y cómo se engalanó el convento para tan grande ocasión con todo lujo de ornamentos, así como con las banderas y estandartes de los enemigos derrotados:

Murió el Gran Capitán como buen cristiano, en el hábito de Santiago, dejando su ánima encomendada a la duquesa su mujer (..). Mandó decir cincuenta mil misas a las ánimas del Purgatorio. 

Después de su muerte, lo sentaron en una silla y lo tuvieron así todo el día, para que la gente lo viese. Hubo grande llanto por su muerte, en Granada, así de moros como de cristianos, por todas las calles que había de pasar cuando lo llevaron a enterrar. (..) 

Sobre su sepultura estaba una gran tumba, junto al altar mayor, cubierto de paño de brocado, y una cruz de Santiago encima; y de lo alto colgado el estandarte que la Reina le dio, verde y pardillo. Y a los lados pendones reales. Y fuera de la reja, en medio de la iglesia, estaba un tabernáculo cubierto de seda negra, y las basas de las columnas doradas, en cada columna un escudo de la parte de su genealogía, muy ricos, y una bandera encima. Y en la techumbre del tabernáculo el escudo de Córdoba.

Tenía alrededor doce candeleros con cirios muy grandes, y dentro otros doce, que cada uno pesaba quince marcos de plata. La iglesia estaba ricamente adornada de tapicería. Estaban puestos en la reja dos guiones del rey de Francia, el de Ceriñola y el de Garellano, muy ricos, ensangrentados. A la mano derecha estaba una bandera muy rica con las armas de la Iglesia, que fue tomada al duque Valentín; y luego otra del príncipe Bisignano, y otras del señor de San Severino. A la mano izquierda estaba una bandera del rey Federico, y otra del marqués de Mantua, y otra del marqués de Bitonto. Y toda la iglesia emparamentada de banderas y estandartes.

Estuvieron en las honras personas de Sevilla, y caballeros, que se hallaron a aquel tiempo veinte leguas a la redonda. Y todas las religiones y clerecía de todo el confín de Granada. Era tanta la multitud de gente, que no cabía en las calles ni en la iglesia.

Traslado

Tras la petición de María Manrique, su viuda, el Emperador Carlos I de España y V de Alemania (nieto de Fernando el Católico) puso enmienda al poco reconocimiento dado por su abuelo a Gonzalo y cedió parte del Monasterio de San Jerónimo para el enterramiento de la familia. Las obras concluyen en 1552, 37 años después de su muerte. Las hazañas del Gran Capitán quedan grabadas en piedra, mezclando figuras religiosas y paganas de la mitología clásica. Destacar las imágenes orantes de él y su esposa a ambos lados del retablo de la Capilla Mayor, donde se encuentran sus sepulcros.


Sus restos son trasladados junto con los de su esposa, hijas y hermanos, con un cortejo formado por multitud de personalidades de todos los ámbitos. Lo abría la Cruz de la Iglesia Mayor, 450 religiosos, clérigos con velas, los Capellanes reales, el Cabildo con tres capillas: la Real, la del Duque y la Mayor, seguidos de los ocho féretros. A continuación desfilaba el anciano caballero Juan Peláez de Berrio, natural de Jaén, que portaba el estoque del Gran Capitán, cuya cruz, manzana y empuñadura eran de oro y plata; honrado así por haber servido en los Tercios del Gran Capitán y ganar gran fama en las guerras de Nápoles. Tras él ondeaban todos los estandartes y, tras ellos, los caballeros de Córdoba y los de Granada, presididos por el Marqués de Cerralbo.

Expolio

Damos ahora un salto de casi tres siglos, hasta la invasión napoleónica. Los soldados franceses entran en Granada el 28 de enero de 1810. La ciudad es sometida a expolio, y el Monasterio de San Jerónimo resulta muy dañado. Hay varias teorías sobre lo que sucedió con el tesoro histórico y artístico que contenía, pero la más difundida es que el General francés Honore Sebastiani, conocedor del azote del Gran Capitán sobre sus antepasados, ordenó que se llevaran joyas, rejas, estandartes, la espada (que el papa Alejandro VI entregó al Gran Capitán para la defensa de La Iglesia) y hasta los huesos del mismo. También destruyeron la torre y derribaron parte del campanario para hacer el Puente Verde sobre el río Genil. Utilizan el Monasterio como cuadra y cuartel. El abandono del edificio persiste durante tanto tiempo que  el historiador granadino Manuel Gómez-Moreno denuncia en 1884 que es utilizado como cantera de la que se retiran piedras para usarlas en otras construcciones. Afortunadamente, la torre es reconstruida en la década de los 60.

Volviendo al destino de sus restos, en 1835, el clérigo Bartolomé Venegas se los pide a un particular que los conservaba, preocupado y desconcertado por la falta de interés de autoridades y descendientes. La inestabilidad política retrasa la restitución de su enterramiento hasta 1857. No acabará ahí la cosa, en 1869 vuelven a sacarse con destino a Madrid, para albergarlos en un Panteón de los Hombres Ilustres que no se terminó, permaneciendo algún tiempo en San Francisco el Grande. En 1875 vuelven a Granada, pero no podemos cantar victoria del todo.

Ser o no ser

En febrero de 2006 salta la noticia en el Diario de Córdoba (reproducida en varias webs y blogs) sobre un estudio realizado por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico y que revela que los huesos de San Jerónimo no corresponden con el Gran Capitán. Realizada la consulta al IAPH, me remiten a su boletín nº 57 (febrero 2006, pp. 58-71). El artículo habla de unos restos encontrados tras el altar, y que tras su estudio no se relacionan con Gonzalo ni su familia, lo que no implica que los de la tumba no lo sean. Ojalá se desvele el misterio sobre…

Los huesos de Gonzalo Fernández de Córdoba que,
con su gran valor, se apropió el sobrenombre de Gran Capitán,
están confiados a esta sepultura hasta que al fin
sean restituidos a la luz perpetua.
Su gloria no quedó sepultada con él.

Epitafio de su lapida

sábado, 5 de julio de 2014

Las llaves de mis casas

El mensaje es el mismo casi desde el comienzo de la caída de precios de la vivienda, allá por 2009: "Compren ahora que los precios han tocado fondo". Aparte de lo incomprensible que resulta esta advertencia por parte de los vendedores (principalmente bancos y promotores), ya que si dentro de unos meses se va a vender más caro, ¿por qué adviertes de que compremos ahora? En fin, no hay que ser un lince para esperar que los precios se mantengan o incluso bajen debido a la influencia de múltiples variables, pero vamos a hacer una pequeña simulación basada en el factor población.

Vamos a tomar como base el Censo de 2011. Consideramos la cohorte que va de los 20 a los 35 años de edad como los compradores de vivienda en los próximos 15 años, marcada en la pirámide de población de Andalucía.

Pirámide de población. Censo 2011. Andalucía

Suman 1,9 millones de personas. Normalmente, estas personas compraran la vivienda en pareja, así que tomando las parejas heterosexuales y los solteros que quedan sueltos, hacen unas 940.000 parejas y 43.000 solteros, lo que suma una demanda de 983.000 clientes. Suponemos que no existen movimientos migratorios ni muertes.

Eso por el lado de la demanda, por el de la oferta vamos a sumar varios factores. Siguiendo el poblacional, la herencia añadirá viviendas al mercado o eliminará demandantes. La esperanza de vida a los 65 años en los hombres es de 17 años y en las mujeres de 21, con lo que morirían a los 82 y 86 años, respectivamente. En el trascurso de esos 15 años (vamos a contar desde los 70 años de edad), quedarían libres por fallecimiento 540.000 viviendas. Eso si los fallecidos solo fueran propietarios de una. De nuevo hemos hecho la cuenta con parejas y solteros, en este caso solteras por la mayor longevidad de las mujeres. Por otro lado, el propio Censo de 2011 arroja una cifra de casi 640.000 viviendas vacías. Y por último, la construcción se ha frenado radicalmente, pero se siguen construyendo viviendas en Andalucía. En 2012 se contaban casi 8.000 viviendas a construir, si ese pobre dato se mantuviera estable durante los 15 años que consideramos, añadiríamos 120.000 viviendas nuevas al mercado.

Evolución vivienda a construir

Resumiendo y sumando datos tenemos:
  • Una demanda de 983.000 clientes.
  • Una oferta de 540.000 viviendas en herencia + 640.000 vacías + 120.000 nuevas = 1.300.000 viviendas en el mercado.
Siendo conscientes de la simpleza de los cálculos (las hipótesis consideradas muy posiblemente estén inflando los datos de demandantes), parece obvio que solo analizando la variable población, la relación oferta-demanda (que es la que fija el precio de las cosas) está muy a favor del comprador y tiene pinta de estarlo durante mucho tiempo. Solo hay que observar la pirámide de población para ver que el fenómeno de viviendas heredadas en el mercado no hará sino crecer por el envejecimiento, muchas más personas mayores con vivienda en propiedad y muy pocos jóvenes.